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Perla + Yesenia = Sayulita November 5, 2004

Posted by laloka in : , , , trackback

Fuimos a Sayulita por recomendación de la sKapista que abortó sus planes de viajar por todo Centroamérica a cambio de quedarse en este pueblo al norte de Puerto Vallarta, en el estado de Nayarit. ¿Qué tendrá Sayulita?
Me preguntaba yo, cada vez que recibía un emilio suyo diciéndome que estaba allá, o estaba a punto de regresar a ese lugar. Así que ni cortos ni perezosos arribamos en Sayulita y nos hospedamos en el salon el palmar, el camping más majo de todos en los que hemos estado, y también el más caro…pero bueno, mereció la pena. El pico surfero andaba poco animado pero cientos (exageración) de surferos acechaban las escasas olitas que se avecinaban. Y paseamos por la playa, bien bonita y semi concurrida por eso del fin de semana…en las colinas cubiertas de selva se camuflan casas magnífikas que disimulan su ostentación con bonitos tonos ocre y ramadas como techos. A primera vista ni los ves, hasta que te acercas y ves el cartel bien grande de “Private Property”, y te das cuenta de que los dueños son unos gringos ricos y muy listos. Soheil dice que se parece a Laguna Beach, California, y creo que tiene algo razón. Al amanecer salen esbeltas mujeres rubias con sus audífonos bluetooth en las orejas, la visera de béisbol y una de esas tazas térmicas, con su café latte dentro. Van a paso ligero, y al verte, pulsan el botón que enciende una sonrisa asacarinada en sus rostros republikanos. En cuanto sales de su campo de visión, la mueca se apaga y vuelven a su expresión neutra. “Buenos días” dices tú, sin saber si la mujer es de verdad o tal vez un autómata siliconada,
Gracias a Dios, ni la invasión se extiende por todo el pueblo, ni es mala del todo. Por un lado, la belleza de lugar se mantiene intacta, no hay hoteles de 30 pisos, y los de Villa Amor están teniendo problemas para acabar su quinto piso. Esperemos que la cosa dure, porque no faltaban carteles de www.move2sayulita.com y varios vecinos estadounidenses nos contaron cómo los precios en primera línea de playa estaban ya al borde de no ser baratos. Por otro lado, si no fuera por el aspecto turístico del lugar, no habríamos conocido a las estrellas de nuestra parada en Sayulita: Perla y Yesenia.
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perla y yesenia en la plaza

Unas chikitas avispadísimas y simpáticas de la etnia
huichol, y su madre, aprovechando el tráfico de viajeros, monta un puesto con sus bonitas artesanías para ganarse el pan. De alguna manera entablamos conversación y empezaron a contarnos historias ahí tiradas en la plaza, compartiendo sus peta zetas con nosotros y hablándonos de mitos huicholes. Mis preferidas eran las leyendas de cuando las personas hablaban con los animales, casi siempre había una moraleja en cada cuento para tener a las criaturas bien guardadas o enseñarlas respeto por la magia y lo desconocido. Tras las descripciones de las fiestas del tambor y del elote, donde pasan 11 horas cantando y dándole al sonajero e ingieren peyote, degeneraron en películas de terror americanas cuyos argumentos eran algo más aburridos. Al aparecer las primas en la plaza, Yesenia exclama “Yes!” y las niñas wapas se colocan alrededor de las primas formando un bonito estampado con sus caritas especiales.
Y ya estuvo, a partir de ahí pasamos todos los días con las hermanas, y cuando Perla se fue a Tepic al cole, sólo con Yesenia. Las dos saben bordar y nos regalaron unas pulseritas de cuentas que ellas mismas nos hicieron. Yesenia no va a la escuela porque la maestra la maltrataba, así que ayuda a la madre a currar…menos los días que andó con nosotros surfeando en el body y flipando con las gafas de bucear. Hacía unas observaciones buenísimas “¿Por qué (los surferos) traen a su tabla como si fuera su hija?” O al pasar por Villa Amor, el hotel de luxe de la zona: “Casa blanca, coche blanco, gente blanca…¡no me sorprende que sea caro!” Nosotros nos reíamos y los gringos ponían cara de cromo.
Nos costó mucho despedirnos de Sayulita porque sabíamos que íbamos a echar de menos a nuestra nueva amiguita, pero nos dió su dirección de emilio, que conste que a pesar de conservar sus tradiciones ancestrales tienen un pie firmemente en este milenio.

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