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D.F. November 29, 2004

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De la ciudad más poblada del planeta sólo puedo decir que caímos de pié…los amigos de mis amigos también son familia y así tuvimos el privilegio de anfitriones hospitalarios…

Natalia, Andrés y Jaznúm nos acogieron y acompañaron en un tour de México, porque todo el mundo sabe que cuando dices eso te refieres a esa megalópolis. Claro está k nuestra vuelta por la ciudad no ha sido ni la más completa (según cualquier cánon) pero sí la más correcta (según nuestras estipulaciones que son las únicas que importan)…el museo de antropología, donde vimos desde el famoso “calendario” azteca hasta la máscara de Pakal, encontrada en Palenque. También entramos en la catedral y subimos al campanario con vistas espectaculares. Ya llegados a la puerta de Bellas Artes, tomamos la ruta de las cantinas, y no nos podemos arrepentir, nos asomamos a un mundo en extinción de hombres con su alcohol y sus rollos.

Bebimos micheladas y nos tambaleamos hasta varios antros más, de los que destacaron 2: la cantina de los toreros donde nos dieron unas botanas riquísimas, y el bar donde por dos pesos podías bailar salsa con una “fichera”…
Más cosas SUPERMEX son el tráfico insoportable que nos enloqueció a la vuelta hacia Tepoztlán en el bochito de Jaznúm. Como un viaje en coches de choque, manejar en el DF es supervivencia pura, y si no te sabes el camino, prepárate para dar vueltas entre señales tapadas por árboles, cambios de sentido inexistentes y conductores agresivos. La urbe se extiende y serpentea caóticamente, en dimensiones me recuerda a Los Angeles, pero nada es tan recto y cuadriculado en México, se repira sudor en el cemento, esta ciudad está más cruda, más sucia y más viva que las demás. La lokura atacó especialmente a los k nos sentamos atrás y está bien dokumentada gracias al tic fotográfiko soheiliano. Paramos a probar pulque on the way, un alcohol espesito derivado del maguey, lo tiñen de sabores y aunk sólo bebí 80 microvasos me afectó más k a los demás. …
pulkeeee!
Vimos ojos crackeros en la oscuridad al caer el sol por el Zócalo y supimos que ya no era hora de andar por allí. Casi atropellamos a los Mariachis que se colocan en Garibaldi por la noche para que les contrates para que te canten, que no se me olviden los policías folklórikos del centro, los polis que parecen Mariachis, of course. Nos tragamos unos ricos auto-tacos en un lugar que abre 24 horas y te sirven dentro del carro, para máxima comodidad. Nos marchamos sabiendo que volveremos, quedaron demasiadas excursiones en el tintero, los lazos están establecidos, nos sabemos el camino. Nos vemos en el futuro, sigoro.

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